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martes, 7 de febrero de 2017

CVNE 5º Año 1978

Nos detenemos un momento ante la Compañía Vinícola del Norte de España, más conocida por sus siglas CVNE, o incluso como Cuné. Se trata de una de esas bodegas centenarias del barrio de la estación, en Haro, que durante décadas han dado lustre y esplendor al nombre de Rioja. Hoy en día, la firma engloba cuatro marcas, Contino, Imperial, Viña Real y la propia CVNE, siendo esta quizá la más comercial del grupo, que elabora 11 tipos de vino diferentes, con la clara vocación de agradar a todo el mundo. Sin embargo, en los años 70, sus vinos eran otra cosa, comerciales sí, pero desde una perspectiva bien distinta. Vamos a prestarle atención a su vino de 5º año, que ya no puede compararse con nada de lo que hacen en la actualidad, ni siquiera con el gran reserva. El tempo lo ha colocado en la cima, y en la nostalgia.


CVNE 5º Año 1978
Tipo: tinto seco.
Winemaker: Nombre.
Procedencia: España > Rioja > Haro.
Coupage: tempranillo.
Elaboración: embotellado en su 5º año de crianza.
Web: CVNE
Precio: 50 EUR
Proveedor: Vinovintage Santander.
Maridajes: un beso.
Puntuación media (2): 5.00 / 5.
Fecha de cata: noviembre 2016.

Detrás de un corcho frágil, que se negaba a salir de la botella y descubrir, celoso, el preciado elixir, encontramos un vino marrón cobrizo, como el brandy, con el ribete muy abierto, ocre claro, de una gama tonal amplia, con buena intensidad de color, limpio, brillante, de media capa y lágrima lenta y gruesa. Precioso.

En aromas era fino, largo, elegante, profundo y muy complejo. Al primer golpe mostraba predominio de la uva pasa, del pan de higo con frutos secos de piel, pero después dejaba entrever un corazón de fruta roja reducida con buena viveza y enorme complejidad, con retazos de tabaco de pipa, de cuero, de sutil licor de naranja onuvense, de ligeros ahumados, de turrón de guirlache... Excepcional.

En su ataque se demostró fresco, limpio y redondo, y se desarrolló con una gran intensidad y una acidez estructural maravillosa, para rematar en un final largo, profundo, intenso, persistente, muy elegante y tremendamente complejo. Entre grandes cotas de placer, brotaban sin querer recuerdos de maderas finas, de hojas secas, de fruta pasa, de especias, de metal, de tabaco, todo muy bien enlazado y con una trabazón perfecta. Difícil de desentrañar, y todavía con gran cuerpo y con tanino vivo y noble.

No sé si volveremos a probar otro, pero le queda todavía mucha vida por delante.



Criterio de puntuación:
5: Excepcional, complejo, único, emblemático.
4: Excelente, genuino, satisfactorio, ejemplar.
3: Bueno, recomendable, equilibrado, destacable.
2: Correcto, común.
1: Insuficiente, no recomendable.
Entre paréntesis el número de puntuaciones.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Ardanza 1978

29 Noviembre 2015.






Catamos en esta ocasión un vino solo, pues merece toda la atención. Con todo el respeto a sus mayores, el 904 y el 890, a la luz de esta experiencia el Viña Ardanza de La Rioja Alta es también un vino que sabe envejecer con dignidad y elegancia. Quizá no encontramos en él la altura de los paladines de la bodega, pero ya nos gustaría encontrar más vinos de 37 años en este estado de forma.

La botella fue provista por Vino Vintage Santander, en perfecta conservación, tanto por fuera, como puede verse en las fotografías, como por dentro, por unos 70 EUR, una semana antes de la cata. Como puede verse, el corcho estaba frágil, pero no era difícil de sacar, y la parte del lado del vino estaba íntegra, había hecho su trabajo a la perfección.

Presentar la bodega o el vino no tiene interés, lo importante en este caso es analizar la evolución del personaje.

1. Viña Ardanza 1978.

Coupage de Tempranillo y Garnacha. Interesa conocer que este vino procede de cepas distintas del Viña Ardanza actual.

Su aspecto era hermoso, de capa media, cobre muy brillante con irisaciones de rubí y matices de creta, buena lágrima, limpio... ningún síntoma de cansancio. Verlo brotando de la botella a la copa abría los ojos de los asistentes como platos.

Después de dos horas de apertura, a la nariz venía muy aromático, no solo a copa parada, sino a copa alejada. Resultaba profundo y complejo, con la huella de la bodega muy marcada, atractivo y poderoso, maduro, pero muy vivo, con matices muy variados: tostados, cáscara de frutos secos, almizcle, orejones... Todo muy bien fundido y de enorme elegancia. Después de 12 horas de apertura pierde algo de intensidad, pero sus notas armonizan con mayor redondez los matices, sin predominar claramente ninguno, aunque aparece de lejos y sin hacer ruido el cuero y la zapatería. La copa vacía olía muy bien al día siguiente, como un frasco acabado de perfume.

A la boca era delicado, finísimo, de ataque ligero, limpio, con poco volumen, de marcada acidez y de postgusto largo. Redondo como una esfera de cristal.

Sin duda es un vino del que no puede esperarse más evolución, o al menos ninguna mejoría, y que tal vez haya demostrado mayor contundencia cuando tenía 20 o 30 años, pero que puede levantar la barbilla y mirar por encima del hombro a casi cualquiera de su edad. Merce la pena rescatarlo del olvido, sobre todo cuando sus hermanos mayores se llevan todos los elogios, para apreciar el buen trabajo de la bodega, no solo en sus vinos más exclusivos. Un romántico capricho.